Los urólogos no atienden a la mañana. Sólo operan a la mañana. Cuesta un fardo encontrar un urólogo a la mañana y cuando se lo encuentra:
"yo: -¿Puede dilatarse un riñón?
médico: -Puede pasar cualquier cosa."
Me pide análisis de todo, hasta de conciencia más o menos y me manda a la ecógrafa.
"bioquímica: -...y el otro análisis te lo hacemos aquí.
yo: -¿En qué consiste?
bioquímica: -Con un hisopo."
¿Qué quééééééééé?!
Como la ecógrafa cantaba y demás, le hago una pregunta optimista, confiándome en el clima:
"yo: -¿Está todo bien?
ecógrafa:-Y...más o menos. Tenés los riñones inflamados."
¡Qué nunca te pase que te lo digan así! No hay que confiar en el clima; cambia de un momento a otro.
Llega a la parte de las vías urinarias y frunce la boca. ¡Frunce la boca! Me pide que vaya, que vuelva; hace de nuevo la ecografía.
¿¡Qué le pasa a la gente?!
¿¡Qué les pasa a estos engendros sin tacto!?
Me dan la ecografía toda cerradita para que el primero en verla sea el médido y no hipondríacas alteradas por ecógrafas perversas. No tardé nada en arrancarle el ingenuo ganchito que obstaculizaba mi morbo. Mis riñones tenían tamaño normal. Entonces...¿¡por qué el terrorismo psicológico de la mina!? Puso las medidas de los riñones...A lo mejor lo deja a criterio del médico. Mato por saber el criterio de médico.
Lo más triste de todo es que no voy a morir porque implosionen mis riñones hasta mañana, sino que voy a morir de un ataque de pensamiento antes.
Necesito pensar quién me va a dar su riñón. Necesito contactarme con el mercado negro de órganos o la mafia...¡Algo!
¿¡Qué le pasa a la gente!?
lunes, 18 de febrero de 2008
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