viernes, 14 de diciembre de 2007

Desdramatizando/Dramatizando

El recital de Dos Pájaros de un Tiro había sido espectacular; con toda la simpatía, la poesía, la complicidad, la comicidad y la perfección que uno podía esperar y más aun. Cantaron todas las canciones que uno deseó alguna vez escuchar en vivo, interpretando uno las del otro, viceversa y a conjunto; con una performance genial y un homenaje totalmente emotivo para Fontanarrosa. Estaba todo Tucumán; la familia de Bob, sentados en la fila de adelante a nuestra altura, la mitad de la facultad de Psicología -incluyendo a mi modelo de autoestima a seguir-, la mitad de El Griego, gente indeseable, gente deseable y otros especímenes inclasificables. Una platea y un campo lleno; totalmente repleto de gente que sabía todas las canciones y estaba gustosa de cantarlas. Algo se había percibido a la entrada, con los 2 km de estacionamiento improvisado en a autopista, más el estacionamiento oficial del estadio. Camino al recital, personas con todo tipo de acentos te preguntaban de una ventanilla a la otra "vas al recital? por aquí es?". Los perros verdes como mi papá y yo, como mínimo nos sentíamos contenidos, si bien sabíamos que todos no eran ni tan verdes ni tan herejes, pero por lo menos, funcionaban en alguna sintonía compatible.
Al otro día salimos de Córdoba, mi papá me dio en una localidad cercana el auto para que manejara hasta Villa Ojo de Agua en Santiago y yo me lucí; pasé caminiones, ómnibus y demás bestias, respetando las líneas amarillas dobles y no dobles y demás. Para ser mi 1º vez manejando en la ruta, lo hice bien, muy bien. Casi mordí la banquina y mi papá me dijo "[Nuda Veritas] no muerdas la banquina" "no papá" "no muerdas la banquina que nos vamos a ir haciendo mierda". Ya habíamos perdido la cámara de fotos y pensamos que era lo único que podía arruinar este viaje perfecto y moder la banquina no era una opción.
Cambiamos en Santiago y decimos para en Loretto a tomar una gaseosa. No llegamos a Loretto o por lo menos, no como nos imaginamos. Yo hice un pésimo trabajo de copiloto, porque mi papá me había encomendado no dejarlo pasar de cierta velocidad en la ruta desierta y yo la verdad es que me iba durmiendo y despertando de a segundos. Y en uno de esos segundos, siento la puteada y el bolantazo y abro los ojos para ver como casi volvíamos a nuestro carril y finalmente como nos precipitamos al descampado y después del primer impacto como empezamos a dar vueltas -una y otra y otra y otra- en sentido baúl-capot-baúl-capot-baúl-capot... Fueron tantas que mi papá tuvo tiempo de decirme "no puedo creer que me pase ésto justo cuando voy con vos" y mi única preocupación consistía en no quedar con las ruedas hacia arriba. Supongo que mecánicamente sentí que si no nos habíamos matado ya, no lo haríamos en 5 minutos más.
Cuando el auto se paró finalmente, le vi algo así como un golpe rojo de sangre en la oreja, que no sangraba a mi papá y pensé "es lógico, es un golpe". Mi papá me preguntaba cómo estaba, me decía que llame al 911, pero los celulares habían salido despedidos para cualquier lado, me pedía perdón, repetía que había mordido la banquina y me volvía a preguntar una y otra vez cómo estaba. Intenté abrir la puerta, y estaba deformada y no podía abrirse, entonces salgo por la ventanilla, descalza porque se me habían roto las zandalias y caigo de pie al suelo pedregoso y espinoso de un verde reseco. Y escucho que mi papá me dice "estoy ciego"; pensé yo en mi poco común optimismo "es lógico, es por la conmoción del choque". Al tiempo que me segaba un amarillo brillante y no me dejaba ver el paisaje y menos aún para qué lado estaba la ruta. Caminé hacia la ruta cuando pude verla y empecé a gritar y mover los brazos y los dos primeros autos no pararon. Luego paró una familia, con la que estamos endeudados afectivamente de por vida, y al rato muchos más. De ahí todo fue repentinamente más rápido; mi papá recobró la vista, me dijo que creía que tenía algunas costillas rotas, razón por la que no dejé que lo movieran del auto hasta que llegue la ambulancia. En el único momento en que se enlenteció todo, es cuando no encontrábamos señal en ningún celular para llamar a la comisaría de Loretto. Una señora encontró mi celular y me lo puso en la mano; yo iba dar a aviso a los familiares una vez que ya supiéramos a dónde íbamos a parar, pero mi papá me pidió que la llame a su mujer y a mi mamá, a la cual le pedí que le avisara a Bob.
Yo salí ilesa; al margen de algunos golpes y raspones y una contractura en el cuello; mi papá sólo se quebró 4 costillas, que quedaron en una posición tan favorable, que es imposible que le dañen el corazón o los pulmones. Tuvimos suerte...mucha suerte; la suerte que te puede dar un cinturón de seguridad. Supongo que es simpático que me contracture entera para un examen y que al momento del accidente no haya ofrecido ningún tipo de resistencia; lo que me salvó de romperme algún hueso, y en cambio mi papá, al aferrarse al volante, se quebró 4 costillas y se dio un golpe en la cara.
Yo acuso a una rueda que estaba marcada de haberse deformado y haber ocasionado la pérdida del control del auto. Después de todo, en el diario de Santiago, decían que una rueda se había desintegrado. Mi papá no se durmió; no tenía sueño, me venía traginando porque yo me venía durmiendo.
En Santiago la gente nos decía "se tendría que haber matado"; para mí lo tragicómico, es el "se tendrían"... También, todo el mundo esperaba que me desesperara, que entrara en pánico; que desde su insoportable dolor de costillas rotas, mi papá tuviera que salir por la ventanilla para tranquilizarme. Y no. Todo el tiempo mantuve una sensación de optimismo e irrealidad. Por primera vez en mi vida no pensé tanto. Pensé que si no dejaba que mi papá se durmiese, que si podía mover las piernas y los brazos, que si ya había recuperado la visión; no podía estar realmente malherido de algo determinantemente mortífero. Tenía un preocupación muy contenida en un optimismo totalmente irregular en mí. No sé por qué. A la noche, cuando reflexioné sobre la tomografía que le tenían que hacer y demás, recién empecé a angustiarme y a ser más yo y a preocuparme de que tenga algún daño más que doloroso y le encomendé a Bob que si se enterara de algo grave de la salud de mi papá que me lo dijera y no me mintiese. Es el único que conozco, que se le puede encomendar una cosa así. Supongo que ya se me iba el optimismo que te da el "nos salvamos, estamos vivos, ya está, nos quedamos de este lado, no puede pasar nada más".
Por suerte lo de mi papá es doloroso e incómodo, pero no es determinantemente grave o mortífero. Sino no sé qué haría.

Entonces, no podés haber salido ilesa de un accidente así y que te dé a la semana otitis externa, haber ido al médico para prevenir que llegue a un dolor insoportable y que ya estando medicada, te despiertes por el dolor constante e insoportable a las 3 de la mañana, y estés hasta las 7 sufriendo, gritando, llorando, puteando hasta que decidas automedicarte y ponerte paños secos calientes en la oreja porque no soportes más y tengas ganas de matar al médico que te mal atendió. No podés. Simplemente no da. Bob a las 5 de la mañana, revisando sus apuntes de medicina, para tratar de ayudarme desde su amor a la distancia. Que nunca te pase. Es una contradicción del azar o el inconciente -quién sabe- que te pase esta secuencia desproporcionada de inconvenientes médicos. O uno o el otro. No los dos, en las mismas 2 semanas. ¡No da!

2 comentarios:

ARACA CORAZÓN dijo...

Ay nena.

Me angustié.

Ese "se tendría que haber matado" me da gracia.

Te extrañé.

Aurore Interligator dijo...

Sí! a mí también me da gracias! Además no sólo lo piensan, sino que además te lo dicen.
Ya, inmediatamente, se están viendo así no se extrañan más.

Totalmente

Totalmente
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