viernes, 3 de agosto de 2007

De la New Age y del Postmodernismo

Resulta que lo que antes no tenía valor, hoy es invaluable o si se quiere, de gran valor. Caminaba por el centro viendo vidrieras -porque a veces lo hago- y me detuve frente a la de Lado B y vi una rotosa, descolorida y gastada remera -por supuesto, en un estado buscado por algún diseñador- rebajada de $165 a $87... Me llevó a preguntarme sobre cómo habían cambiado las cosas de un tiempo a esta parte. Hace unos años, alguien se hubiera reido de ese precio -de hecho hoy me reí- considerando que no podría ser otra cosa que una broma -de mal gusto-. Pero antes también, la juventud era parte de un proceso de crecimiento la cual se consideraba efímera y hasta incluso, un lujo haberla superado -no olvidemos que la esperanza de vida ha ido aumentando con los años y avances en general-. La vejez, la edad, eran sinónimos de respeto y hasta anhelo si se quiere. Hoy hay una inútil perseverancia en mantenerse eternamente joven, en un contexto en donde a juventud es un valor. Los comerciales, los productos y demás van dirigidos a jóvenes y la cosmética se ha concentrado en aquellos productos que demoran el envejecimiento.
Hoy ser viejo, no es redituable, no es sinónimo de respeto, ni de estabilidad, ni de sabiduría, ni de contención estatal tampoco.
Se ha declarado una lucha contra las arrugas, las panzas, las canas, la caída del pelo, las manchas naturales de la piel, etc...
Aunque se supone que es un lujo ser joven, los jóvenes tampoco están muy cosiderados, salvo en cuestiones de marketing. Se ve claramente con las reducciones en presupuestos educativos, no hay programas de recreación, etc.
Pero hay algo que no ha cambiado, la historia actual sigue excluyendo de participación -hasta un posterior análisis retrospectivo- a los marginados del sistema. Ya sean jóvenes, niños o viejos. Para ellos no son dirigidos los comerciales, ni los precios de locales de Lado B por ejemplo, ni productos promocionados.
Antes los y las rellenitas eran un símbolo de salud. Hoy los mismo programas que se solidarizan por el crecimiento de enfermos de anorexia y bulimia critican a Susana Gimenez porque a los sesenta y pico de años estaría gorda...Hoy ser famélico es un valor...bueno; ya teníamos un antecedente en el Romanticismo, al que hemos agregado el ser escuálido. La ropa viene, incluso, sólo en ciertos talles; hay una negación de cuerpos que no están a la moda.
Hay que ser extremadamente delgado, pero también tener buena cola y poderosos pechos...Parece hasta una contradicción. Hay que ser Barbie y Ken.
Hoy ser rico y mostrarlo exuberantemente es un anhelo. En los 60´se lo vivía con más pudor; había más culpa pequebú. Hoy muestran maletines de premios de $100000 en tv por estar unos meses en una casa, haciendo nada.
La miseria está disfrazada. Se ha identificado las "villas miseria" o "barrios de emergencia" con la cumbia villera y sus letras. La clase media y alta argentina se viste como cantante de cumbia, bailan, cantan, se divierten y después van a su casa tranquilos. No hay una noción de lo que realmente dicen las letras - que en una opinión personal, tienen un peso de estudio sociológico muy importante-. Donde los enfrentamientos con la policía, la miseria, el hambre, los escapismos como el alcohol, la droga y demás están presentes. Dirigentes piqueteros salen bailando en Bailando Por Un Sueño...Hay una vanalización de la injusticia social.
No hay pudor por ciertos momentos que antes podían ser considerados íntimos. Su hijo yace muerto en el piso, y el periodista le pregunta a la madre "¿cómo se siente?". Es hasta perverso.
Se dedican programas a hacer bajar a personas de peso y se le arrojan caramelos a la cara. Otra cosa que es hasta perversa.

Por supuesto, que hay otras cosas que ¡menos mal que han cambiado!...pero bueno...pensar en esto no ocupa espacio.

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Totalmente

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